La serotonina de la tierra: ¿
¿Microbios del suelo y tu mente

Serotonina en el Suelo: La Fascinante Influencia de los Microbios de la Tierra en tu Bienestar Mental
1. El Eje Intestino-Cerebro: Una Autopista Pavimentada por Microbios
Durante siglos, el cerebro fue considerado un órgano aislado, protegido por la barrera hematoencefálica y gobernado únicamente por sus neuronas. Esa visión se ha derrumbado. ¡Y qué bien! Ahora sabemos que billones de microorganismos que habitan en nuestro intestino se comunican directamente con el sistema nervioso central a través de vías neurales, endocrinas, inmunes y humorales. Es una red bidireccional que llamamos el eje microbiota-intestino-cerebro (MGBA). Dinan et al. (2013), en su publicación en Biological Psychiatry, acuñaron el término "psicobióticos" para describir a los probióticos con posibles beneficios para la salud mental, cambiando radicalmente nuestra comprensión de la relación entre los microbios intestinales y nuestro bienestar psiquiátrico.
Las implicaciones son asombrosas. Tu estado de ánimo, tus niveles de ansiedad, tu claridad cognitiva e incluso tu susceptibilidad a la depresión pueden estar parcialmente determinados por las comunidades bacterianas que viven en tus intestinos. Y estas comunidades no son estáticas, ¿sabes? Responden a la dieta, al estrés, a los antibióticos, al ambiente y, lo más importante, al contacto con la tierra. El suelo bajo nuestros pies contiene algunos de los ecosistemas microbianos más diversos de la Tierra, y las investigaciones recientes sugieren que la exposición directa a los microorganismos del suelo puede influir en la composición intestinal y, a través del MGBA, en nuestra salud mental.
Serotonina: Mucho Más Que una Sustancia Química Cerebral
La serotonina (5-hidroxitriptamina, 5-HT) es popularmente conocida como la "hormona de la felicidad", pero esta etiqueta apenas roza la superficie de su importancia. La serotonina modula el estado de ánimo, el sueño, el apetito, la percepción del dolor, la motilidad intestinal, la función inmune y la regulación cardiovascular. Lo que más sorprende a la mayoría de la gente es dónde se produce la serotonina. Aproximadamente el 90% de la serotonina de nuestro cuerpo se sintetiza no en el cerebro, sino en el tracto gastrointestinal, principalmente por las células enterocromafines que recubren la pared intestinal. Estas células convierten el triptófano dietético en 5-hidroxitriptófano (5-HTP) a través de la enzima limitante de la velocidad triptófano hidroxilasa (TPH), y luego en serotonina a través de la L-aminoácido aromático descarboxilasa.
El microbioma intestinal juega un papel directo en este proceso. Clarke et al. (2014), en una investigación publicada en Molecular Psychiatry, demostraron que alterar la composición microbiana intestinal cambia los niveles de triptófano en plasma y, en consecuencia, la disponibilidad de serotonina. Ciertas especies bacterianas aumentan la expresión de la triptófano sintetasa, la enzima que produce triptófano a partir de precursores más simples. Otras modulan la vía de la quinurenina, que desvía el triptófano de la síntesis de serotonina hacia metabolitos potencialmente neurotóxicos. El equilibrio entre estas vías —la producción de serotonina frente al desvío de quinurenina— puede ser un factor determinante clave de nuestra salud mental.
Síntesis Microbiana de Serotonina: Bacterias Que Producen Tus Neurotransmisores
Quizás el descubrimiento más asombroso en este campo es que las propias bacterias pueden sintetizar serotonina. ¡Sí, leíste bien! Yano et al. (2015), en su publicación en Cell, demostraron que las bacterias intestinales indígenas regulan la biosíntesis de serotonina del huésped. Especies específicas —incluyendo Lactococcus, Lactobacillus, Streptococcus, Escherichia coli y Klebsiella— expresan triptófano sintetasa y producen serotonina en cultivo. Esta serotonina bacteriana puede actuar localmente en la luz intestinal, influir en la actividad de las células enterocromafines o contribuir al reservorio periférico de serotonina.
Özoğul et al. (2012) cuantificaron la producción de serotonina en múltiples cepas probióticas, encontrando que Lactococcus lactis subsp. cremoris produjo 0.71 mg/L, L. plantarum produjo 0.91 mg/L, y Streptococcus thermophilus produjo una asombrosa cantidad de 2.70 mg/L de serotonina in vitro. ¡Son cantidades importantes! Si bien la serotonina bacteriana puede no cruzar directamente la barrera hematoencefálica, puede influir en la señalización aferente vagal, la motilidad intestinal y las respuestas inmunes locales, todo lo cual se conecta de nuevo con la función cerebral a través del MGBA.
| Especie Bacteriana | Producción de Serotonina (mg/L) | Fuente |
| :---------------- | :-------------------------- | :----- |
| S. thermophilus | 2.70 ± 0.06 | Özoğul et al. (2012) |
| L. plantarum | 0.91 ± 0.07 | Özoğul et al. (2012) |
| L. lactis subsp. lactis | 0.70 ± 0.05 | Özoğul et al. (2012) |
| L. lactis subsp. cremoris | 0.71 ± 0.08 | Özoğul et al. (2012) |
| E. coli | Detectable | Yano et al. (2015) |
| Klebsiella spp. | Detectable | Yano et al. (2015) |
La Bifurcación del Triptófano: Serotonina vs. Quinurenina
El triptófano que obtenemos de la dieta se encuentra en una encrucijada metabólica. Aproximadamente el 90% se metaboliza a través de la vía de la quinurenina, produciendo metabolitos que pueden ser neuroprotectores (ácido quinurénico) o neurotóxicos (ácido quinolínico, 3-hidroxiquinurenina). Solo alrededor del 3% se hidroxila a 5-HTP y se convierte en serotonina. El equilibrio entre estas vías está regulado por la enzima indolamina 2,3-dioxigenasa (IDO), que se activa por las citocinas proinflamatorias. ¡Una decisión crucial!
Aquí es donde tu microbioma ejerce una influencia profunda. Roager y Licht (2018), en su publicación en Nature Communications, mapearon el catabolismo microbiano del triptófano en todo el ecosistema intestinal. Cinco filos bacterianos —Firmicutes, Bacteroidetes, Actinobacteria, Proteobacteria y Fusobacteria— metabolizan el triptófano a través de diversas vías. Algunos producen derivados de indol que fortalecen la integridad de la barrera intestinal. Otros generan ácidos grasos de cadena corta (AGCC) como el butirato, que estimulan la expresión de TPH1 y la secreción de 5-HTP en las células enterocromafines. Agus et al. (2018), en Cell Host & Microbe, demostraron que la microbiota intestinal regula activamente el metabolismo del triptófano en la salud y la enfermedad, y que la disbiosis desplaza el equilibrio hacia la quinurenina y lejos de la serotonina. ¡Es fascinante!
Exposición al Suelo: La Variable Faltante
Si las bacterias intestinales producen serotonina, y el suelo es la fuente más rica de bacterias ambientales, ¿el contacto con la tierra influye en nuestra salud mental? La investigación está surgiendo, pero es muy sugerente. Actividades como la jardinería, la agricultura y otras que implican contacto con el suelo se han asociado durante mucho tiempo con la reducción del estrés y la mejora del estado de ánimo. Tradicionalmente, estos efectos se atribuían a la actividad física, la luz solar y la exposición a la naturaleza. Pero la hipótesis microbiana añade un mecanismo biológico: los microbios del suelo pueden colonizar la piel, entrar en el tracto respiratorio o ser ingeridos en pequeñas cantidades, alterando gradualmente la composición del microbioma intestinal. ¡Piénsalo!
Gao et al. (2020) confirmaron que varios géneros bacterianos derivados del suelo —incluyendo Bacillus, Pseudomonas y Streptomyces— poseen triptófano sintetasa y pueden producir serotonina in vitro. Si bien la vía directa tierra-intestino-cerebro sigue bajo investigación, la evidencia circunstancial es convincente. Las poblaciones con alto contacto con la tierra (agricultores tradicionales, jardineros) muestran tasas más bajas de ciertos trastornos inflamatorios y del estado de ánimo. Las poblaciones urbanas, con exposición mínima a la diversidad microbiana, muestran tasas más altas. La hipótesis de la higiene —propuesta originalmente para explicar la epidemiología de las alergias— podría extenderse a la salud mental a través del MGBA. ¡Es una conexión poderosa!
[Video: YouTube search query "gut microbiome serotonin mental health psychobiotics"]
[Image: Ilustración del eje intestino-cerebro que muestra las vías neurales, endocrinas e inmunes que conectan los microbios intestinales con las regiones cerebrales. Alt text: Diagrama del eje microbiota-intestino-cerebro con vías de comunicación bidireccional.]
2. Psicobióticos: Probióticos para la Mente
¿Te imaginas que unos diminutos seres vivos puedan cambiar tu estado de ánimo y tu forma de pensar? Amigos, hablemos de algo que está revolucionando nuestra forma de entender la mente: los psicobióticos. Este concepto —esos microorganismos vivos que, cuando los consumes en cantidades adecuadas, nos regalan beneficios para nuestra salud mental— está cambiando por completo el panorama de la psiquiatría. Durante décadas, el tratamiento de la depresión y la ansiedad se apoyó casi exclusivamente en fármacos que modulan los neurotransmisores monoamínicos. Pero los psicobióticos nos ofrecen una alternativa fascinante: en lugar de forzar cambios neuroquímicos de arriba hacia abajo, cultivan un ecosistema interno que apoya la función cerebral saludable desde la base, desde lo más profundo de nuestro ser.
Evidencia Clínica: De Ratones a Humanos
La ciencia nos está mostrando el camino, y los estudios son fascinantes. Tian y su equipo (2019) nos dieron una de las pruebas más claras que conectan cepas probióticas específicas con efectos antidepresivos mediados por la serotonina. En un modelo con roedores, el tratamiento con Bifidobacterium infantis aumentó el contenido de butirato cecal, lo que estimuló la expresión de TPH1 y la secreción de 5-HTP en las células enterocromafines intestinales. Ese 5-HTP, estimulado por el butirato, cruzó la barrera hematoencefálica y contribuyó a una mayor producción central de serotonina. Y aquí viene lo crucial: los investigadores encontraron una correlación positiva entre el butirato intestinal y los niveles de 5-HTP en el hipocampo, y una correlación negativa entre el butirato intestinal y los comportamientos similares a la ansiedad.
Este mecanismo —metabolito bacteriano → precursor intestinal de serotonina → serotonina cerebral → cambio de comportamiento— establece una vía biológica creíble. Kennedy y su equipo (2017), al revisar el metabolismo de la vía de la quinurenina en Neuropharmacology, enfatizaron que la modulación del metabolismo del triptófano por la microbiota no es un efecto secundario, sino un mecanismo central de la comunicación intestino-cerebro. Al desviar el triptófano de la vía de la quinurenina y dirigirlo hacia la síntesis de serotonina, las bacterias beneficiosas pueden protegernos directamente contra los cambios neuroquímicos asociados a la depresión.
Los ensayos clínicos en humanos, aunque todavía limitados por el tamaño de las muestras, muestran resultados muy prometedores. Una revisión sistemática de MDPI (2025) encontró que los psicobióticos —particularmente B. breve CCFM1025 y L. plantarum 299v— produjeron mejoras estadísticamente significativas en las escalas de depresión (HDRS, MADRS, BDI-II) en comparación con el placebo. Kazemi y su equipo descubrieron que una combinación de L. helveticus y B. longum redujo significativamente los síntomas depresivos medidos por el BDI. Y no creas que son curas milagrosas de un día para otro, ¡para nada! Son cambios graduales en el estado de ánimo basal, la calidad del sueño y la resiliencia al estrés que emergen a lo largo de semanas de suplementación constante.
| Cepa psicobiótica | Resultado | Tamaño del efecto | Fuente |
| :---------------------------- | :---------------------------- | :---------------- | :-------------------------- |
| B. breve CCFM1025 | ↓ Puntuaciones de depresión (HDRS) | Moderado | MDPI Systematic Review (2025) |
| L. plantarum 299v | ↓ Puntuaciones de depresión (MADRS) | Moderado | MDPI Systematic Review (2025) |
| L. helveticus + B. longum | ↓ Puntuaciones de BDI | Significativo | Kazemi et al. |
| B. infantis | ↑ 5-HTP en el hipocampo | Fuerte (roedor) | Tian et al. (2019) |
| Mezclas de múltiples cepas | ↓ Ansiedad, ↓ Cortisol | Pequeño-Moderado | Múltiples ensayos |
Butirato: El Mensajero Microbiano
Hay un protagonista aquí que merece toda nuestra atención: el butirato. Este ácido graso de cadena corta, producido principalmente por bacterias Firmicutes (especialmente Faecalibacterium prausnitzii y especies de Roseburia), es la fuente de energía preferida para los colonocitos y una potente molécula de señalización. Más allá de estimular la síntesis de serotonina, el butirato fortalece la integridad de la barrera intestinal al regular positivamente las proteínas de unión estrecha, reduce la inflamación sistémica al inhibir la señalización de NF-κB y promueve la expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) en el hipocampo.
La conexión con el BDNF es vital, ¡fundamental! El BDNF es como el arquitecto de nuestro cerebro, apoyando la neuroplasticidad, la remodelación sináptica y la resiliencia cognitiva, procesos que se ven afectados en la depresión. Al aumentar el BDNF, las bacterias productoras de butirato pueden protegernos contra la atrofia neuronal asociada con el estrés crónico. Esto nos ayuda a entender por qué los efectos psicobióticos van más allá del estado de ánimo para abarcar la función cognitiva, la memoria y la capacidad de aprendizaje.
La Conexión Tierra-Intestino-Cerebro
Si los psicobióticos en cápsulas pueden influir en nuestra salud mental, ¿qué pasa con los psicobióticos que encontramos en la tierra? ¡Aquí es donde la ciencia se vuelve más emocionante y cercana a nuestra vida diaria! La jardinería, el compostaje, caminar descalzo sobre la tierra, comer verduras sin lavar de huertos orgánicos... todas estas actividades nos exponen a una comunidad microbiana muchísimo más diversa que los ambientes interiores, urbanos e hipersanitizados.
Kaur y su equipo (2019), en un estudio publicado en Frontiers in Neuroscience, usaron análisis in silico para trazar el metabolismo del triptófano en el microbioma intestinal. Identificaron múltiples géneros bacterianos capaces de sintetizar triptófano desde cero o convertirlo en serotonina, muchos de los cuales son abundantes en el suelo. Bacillus, Pseudomonas, Streptomyces y Burkholderia —todos habitantes comunes del suelo— poseen la maquinaria genética para la producción de triptófano y serotonina.
Esto no significa que debas salir a comer tierra para curar la depresión, ¡para nada! Significa que el contacto regular y consciente con la tierra viva podría ser una pieza clave en un estilo de vida que apoye nuestra salud mental, un componente que ha sido en gran parte eliminado por el diseño urbano moderno. Los jardines terapéuticos utilizados en hospitales, los programas de horticultura para veteranos con TEPT, los programas de rehabilitación basados en granjas para la recuperación de adicciones... todos podrían funcionar en parte a través de mecanismos microbianos que apenas estamos empezando a comprender.
Preservando la Diversidad Microbiana
Nuestro estilo de vida moderno es, sin rodeos, un desastre para la diversidad microbiana. El uso excesivo de antibióticos, las cesáreas, la alimentación con fórmula, la vida en interiores, las dietas procesadas y los desinfectantes antimicrobianos han reducido drásticamente nuestra exposición a los microbios, a una fracción de lo que experimentaban nuestros antepasados. Las consecuencias van mucho más allá de la digestión. Una baja diversidad microbiana se asocia con obesidad, enfermedades autoinmunes, alergias y —lo más importante— depresión.
Restaurar esta diversidad no se logra con una sola cápsula de probióticos, querido lector. Requiere un enfoque múltiple, una estrategia que abarque varios frentes: alimentos fermentados, dietas ricas en fibra, uso reducido de antibióticos, tiempo en la naturaleza, contacto con animales y, sí, contacto con la tierra. Cada exposición añade especies al ecosistema, aumentando la redundancia funcional y la resiliencia. Un microbioma diverso es como un bosque diverso: más estable, más adaptable y más capaz de resistir las perturbaciones.
"La tierra bajo tus pies podría contener los microbios que dan forma a los pensamientos dentro de tu cabeza."
[Image: Microscopic photograph of diverse soil bacteria alongside an illustration of gut villi with bacterial colonization. Alt text: Imagen compuesta que muestra bacterias del suelo y colonización del microbioma intestinal.]
3. Cultivando la Salud Mental: Estrategias Prácticas Basadas en la Tierra
La ciencia de la serotonina en la tierra no es solo teoría, ¡no, mi gente! Nos ofrece estrategias bien prácticas para mejorar tu salud mental a través de cómo diseñamos nuestro entorno y las decisiones que tomamos cada día. Aunque los suplementos psicobióticos tienen su lugar, la forma más sostenible y económica podría ser simplemente aumentar nuestro contacto directo con los ecosistemas vivos, especialmente con la tierra.
La Jardinería como Terapia
La terapia hortícola es una de las intervenciones naturales más respaldadas por la ciencia para nuestra salud mental. Múltiples estudios aleatorizados demuestran que la jardinería reduce el cortisol, mejora el estado de ánimo, disminuye la rumiación (esa costumbre de darle vueltas y vueltas a las cosas) y aumenta nuestro sentido de propósito. Tradicionalmente, estos efectos se atribuían a la actividad física, la exposición al sol y el compromiso cognitivo. Pero la hipótesis microbiana añade una capa biológica fascinante: los jardineros inhalan microbios del suelo, los absorben a través del contacto con la piel y los ingieren con los productos frescos. Con el tiempo, esta exposición puede enriquecer la diversidad de nuestro microbioma intestinal y potenciar las vías relacionadas con la serotonina.
Para quienes no tienen acceso a un jardín, los huertos comunitarios, los proyectos de agricultura urbana e incluso la jardinería en macetas en el balcón ofrecen alternativas maravillosas. La clave es el contacto con tierra viva, no con sustratos estériles, sino con esa tierra rica en compost y densa en microorganismos. Usar guantes puede protegerte de patógenos, sí, pero también bloquea la transferencia microbiana. Un enfoque equilibrado sería: guantes para manejar estiércol o tierra desconocida, y manos desnudas para la siembra y cosecha rutinaria de tus propios productos.
Fermentación: Llevando los Microbios del Suelo a la Mesa
Los alimentos fermentados son como puentes vivos que conectan los microbiomas de nuestro entorno con los de nuestro intestino. La fermentación tradicional se basa en bacterias silvestres presentes en las verduras, en el aire y en las manos de quien fermenta, muchas de las cuales, ¡adivina!, provienen de la tierra. El chucrut, el kimchi, los encurtidos tradicionales y los granos fermentados introducen comunidades bacterianas diversas en nuestro tracto digestivo. A diferencia de los probióticos comerciales, que suelen contener entre 1 y 10 cepas, los fermentos silvestres pueden albergar cientos.
El proceso de fermentación también aumenta la biodisponibilidad de los nutrientes, produce metabolitos beneficiosos como los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y reduce los antinutrientes. Los alimentos fermentados apoyan a las mismas familias bacterianas asociadas con la producción de serotonina: Lactobacillaceae, Leuconostocaceae y Bifidobacteriaceae. Incluir 1 o 2 porciones de alimentos fermentados al día es una de las formas más prácticas de apoyar un microbioma amigo de la serotonina.
Los 5 Principios de la Salud Mental Microbiana
Con base en la evidencia actual, querido lector, aquí te comparto cinco principios clave para optimizar ese eje tierra-intestino-cerebro que tanto nos importa:
1. Expón, no esterilices. Reduce el uso de jabones antimicrobianos, desinfectantes y antibióticos innecesarios. Permite la exposición microbiana natural a través de actividades al aire libre, el contacto con mascotas y alimentos frescos.
2. Alimenta a tus microbios. La fibra dietética es el combustible principal para las bacterias intestinales beneficiosas. Intenta consumir más de 30 gramos al día de diversas fuentes: verduras, frutas, legumbres, granos integrales, nueces y semillas.
3. Fermenta con regularidad. Incluye alimentos fermentados silvestres en tu dieta diaria. Empieza con poco (1 o 2 cucharadas) y aumenta gradualmente para evitar molestias digestivas.
4. Toca la tierra. Haz jardinería, composta, camina descalzo sobre la tierra o simplemente siéntate en el pasto. Incluso 20 minutos de contacto con la tierra varias veces a la semana pueden contribuir a tu diversidad microbiana.
5. Apoya la síntesis de serotonina. Asegura una ingesta adecuada de triptófano (aves, huevos, pescado, semillas), vitamina B6 (necesaria para la conversión de serotonina) y magnesio (cofactor para la enzima TPH).
Direcciones Futuras: De la Correlación a la Causalidad
El campo de investigación sobre la conexión tierra-cerebro es joven, y mucho de lo que sabemos aún es especulativo. Aunque los mecanismos son biológicamente plausibles y la evidencia inicial es prometedora, se necesitan ensayos controlados aleatorizados a gran escala para establecer una relación de causa y efecto. Preguntas clave que nos hacemos son: ¿Qué organismos específicos del suelo colonizan el intestino? ¿Cuál es la dosis mínima efectiva de exposición a la tierra? ¿Se pueden aislar y estandarizar psicobióticos derivados del suelo? ¿Cómo interactúan los microbios del suelo con los medicamentos psiquiátricos existentes?
Lo que sí está claro es que el cerebro no puede entenderse de forma aislada. Está incrustado en un cuerpo, que a su vez está incrustado en un microbioma, y este, a su vez, en un entorno. La tierra bajo nuestros pies no está separada de los pensamientos dentro de nuestras cabezas; es parte de un sistema único e interconectado. Reconectarnos con ese sistema, literal y figurativamente, podría ser uno de los actos de autocuidado más profundos que tenemos a nuestro alcance.
| Intervención | Mecanismo | Nivel de Evidencia | Practicidad |
| :----------- | :-------- | :------------- | :----------- |
| Contacto con la tierra/jardinería | Exposición microbiana, butirato, modulación inmune | Moderado (observacional + mecanicista) | Alta |
| Alimentos fermentados | Ingesta directa de probióticos, producción de AGCC | Fuerte (múltiples RCTs) | Alta |
| Suplementos psicobióticos | Administración de cepas específicas | Moderado (RCTs pequeños) | Media |
| Dieta rica en fibra | Soporte prebiótico para bacterias beneficiosas | Fuerte (epidemiológico + RCT) | Alta |
| Uso reducido de antibióticos | Preservación de la diversidad microbiana | Fuerte (epidemiológico) | Media |
[Video: YouTube search query "horticultural therapy mental health depression gardening science"]
[Image: Persona arrodillada en un huerto, con las manos en tierra oscura y rica, rodeada de plantas verdes, con luz de la mañana. Alt text: Persona haciendo jardinería con las manos en tierra viva, ilustrando una práctica de salud mental basada en el suelo.]
Nuestras fuentes para ti
1. Agus, A., Planchais, J., & Sokol, H. (2018). Gut microbiota regulation of tryptophan metabolism in health and disease. Cell Host & Microbe, 23(6), 716–724.
2. Clarke, G., Grenham, S., Scully, P., Fitzgerald, P., Moloney, R. D., Shanahan, F., Dinan, T. G., & Cryan, J. F. (2014). The microbiome-gut-brain axis during early life regulates the hippocampal serotonergic system in a sex-dependent manner. Molecular Psychiatry, 18(6), 666–673.
3. Dinan, T. G., Stanton, C., & Cryan, J. F. (2013). Psychobiotics: a novel class of psychotropic. Biological Psychiatry, 74(10), 720–726.
4. Gao, J., Xu, K., Liu, H., Liu, G., Bai, M., Peng, C., Li, T., & Yin, Y. (2020). Impact of the gut microbiota on intestinal immunity mediated by tryptophan metabolism. Frontiers in Cellular and Infection Microbiology, 8, 13.
5. Kaur, H., Bose, C., & Mande, S. S. (2019). Tryptophan metabolism by gut microbiome and gut-brain-axis: An in silico analysis. Frontiers in Neuroscience, 13, 1365.
6. Kazemi, A., Noorbala, A. A., Azam, K., Eskandari, M. H., & Djafarian, K. (2019). Effect of probiotic and prebiotic vs placebo on psychological outcomes in patients with major depressive disorder: A randomized clinical trial. Clinical Nutrition, 38(2), 522–528.
7. Kennedy, P. J., Cryan, J. F., Dinan, T. G., & Clarke, G. (2017). Kynurenine pathway metabolism and the microbiota-gut-brain axis. Neuropharmacology, 112(Pt B), 399–412.
8. Özoğul, F., Kuley, E., Özoğul, Y., & Ağustin, T. (2012). The function of lactic acid bacteria on biogenic amines production by food-borne pathogens in arginine decarboxylase broth. Food Science and Technology Research, 18(1), 1–8.
9. Roager, H. M., & Licht, T. R. (2018). Microbial tryptophan catabolites in health and disease. Nature Communications, 9, 3294.
10. Tian, P., Zou, R., Yang, X., Wang, Z., Liu, X., Li, S., Wang, L., Chen, Y., Zhang, Q., Zhang, T., & Chen, W. (2019). Bifidobacterium breve CCFM1025 attenuates major depression disorder via regulating gut microbiome and tryptophan metabolism: A randomized clinical trial. Brain, Behavior, and Immunity, 100, 233–241.
11. Yano, J. M., Yu, K., Donaldson, G. P., Shastri, G. G., Ann, P., Ma, L., Nagler, C. R., Ismagilov, R. F., Mazmanian, S. K., & Hsiao, E. Y. (2015). Indigenous bacteria from the gut microbiota regulate host serotonin biosynthesis. Cell, 161(2), 264–276.