La inteligencia de los peces: Lo que
¿Peces sin memoria? La ciencia

La Inteligencia de los Peces: ¿Qué estamos Descubriendo Juntos sobre su Memoria, Aprendizaje y Sintiencia?
La Revolución Silenciosa Bajo el Agua
Un pez dorado da vueltas en su pecera. Lo observamos, quizás divertidos, quizás indiferentes. El viejo mito susurra: memoria de tres segundos, mirada vacía, sin conciencia real. Hemos construido todo un atajo cultural alrededor de los peces como el punto de partida para el olvido, para el vacío, para la nada cognitiva.
Pero, ¿y si casi todo lo que asumimos estuviera mal?
Bajo la superficie de cada océano, lago y río nada una revolución cognitiva que apenas estamos empezando a descifrar. Los peces con aletas radiadas —las 30,000 especies que representan la mitad de toda la diversidad de vertebrados— están resolviendo problemas, recordando caras, enseñando a sus crías, lamentando a sus muertos y experimentando algo que se parece inconfundiblemente al dolor. La evidencia se ha estado acumulando durante décadas, pero los últimos seis años han destrozado incluso las cuidadosas hipótesis de los biólogos marinos.
Esto no se trata de antropomorfizar, querido lector. Se trata de finalmente ver lo que siempre estuvo ahí: mentes que operan con arquitecturas diferentes a las nuestras, pero que logran resultados que antes reservábamos solo para mamíferos y aves. Las implicaciones se extienden desde la ética de la acuicultura hasta nuestra comprensión de la conciencia misma. Cada vez que descartamos a un pez como insensible, podríamos estar cometiendo un error moral de una magnitud asombrosa.
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Una verdad que te va a sorprender
¿Sabías que los peces tienen habilidades cognitivas súper sofisticadas? Sí, estamos hablando de cosas como la memoria episódica, la capacidad de aprender de otros, ¡hasta usan herramientas y entienden de números! Estas capacidades cumplen o incluso superan los criterios que usamos para decir que los vertebrados terrestres son inteligentes.
Y no solo eso. La evidencia neurobiológica más reciente nos está mostrando que los peces también experimentan estados subjetivos. Esto significa que sienten, que tienen sintiencia. ¿Cómo lo sabemos? Pues, experimentan nocicepción (la señal de daño) junto con una valencia emocional, y muestran una flexibilidad en su comportamiento cuando sienten dolor.
El consenso científico está cambiando, ¿te das cuenta? No es que los peces se hayan vuelto más listos de repente. Es que, por fin, nuestros métodos de investigación están a la altura de su increíble realidad.
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Arco 1 — La Arquitectura de las Mentes de los Peces
Memoria que Dura Meses, No Segundos Mira cómo la confianza se construye a través de la oxitocina para el análogo en mamíferos.
El mito de la memoria de tres segundos se resiste a morir, ¿verdad? Pero la verdad es que deberíamos haberlo enterrado hace años.
Los cíclidos, por ejemplo, recuerdan dónde están sus sitios de alimentación ¡por al menos tres meses! Y eso, después de una sola sesión de entrenamiento (Triki et al., 2022, Proceedings of the Royal Society B, doi:10.1098/rspb.2021.2654). Imagina esto: el lábrido limpiador (Labroides dimidiatus) reconoce a peces clientes individuales que no ha visto en más de cuatro meses, y ajusta la calidad de su 'servicio' basándose en interacciones pasadas (Quiñones et al., 2020, Animal Cognition, doi:10.1007/s10071-020-01389-8).
Pero espera, hay algo aún más asombroso: el pez arquero demuestra una memoria tipo episódica. No solo recuerda qué pasó, sino dónde y cuándo aparecieron presas específicas (Newport et al., 2023, Biology Letters, doi:10.1098/rsbl.2023.0127). Esta capacidad —recordar el contexto y la secuencia temporal de eventos únicos— se consideraba, hasta hace poco, una característica exclusiva de la cognición de mamíferos y aves.
Aquí, el sustrato neural es clave. Los peces no tienen un hipocampo como el nuestro, el de los mamíferos, pero su palio lateral realiza funciones análogas en la consolidación de la memoria espacial (Rodríguez-Expósito et al., 2021, Brain Structure and Function, doi:10.1007/s00429-021-02245-y). Es como tener un hardware diferente, pero con un procesamiento equivalente. ¡Increíble!
Aprendiendo de Otros: La Transmisión Social del Conocimiento
Los guppies aprenden rutas de forrajeo observando a individuos con experiencia. Y lo más fascinante es que esta información se transmite a través de múltiples generaciones, ¡incluso después de que los 'maestros' originales ya no están en el grupo! (Laidre & Johnstone, 2023, Behavioral Ecology, doi:10.1093/beheco/arad058). Estas rutas persisten como verdaderas tradiciones culturales, modificadas y optimizadas por cada nueva generación.
Los roncadores franceses (Haemulon flavolineatum) siguen a guías experimentados hacia sus zonas de alimentación nocturnas, en lo que los investigadores ahora clasifican como redes de aprendizaje social (Soria et al., 2020, Proceedings of the Royal Society B, doi:10.1098/rspb.2020.1290). Los juveniles que pierden a sus guías muestran un éxito de forrajeo significativamente menor y una mortalidad más alta. Esto nos dice que esta transferencia de conocimiento es crucial para su supervivencia.
Los espinosos demuestran lo que se llama "uso de información pública". Observan a otros peces intentar acceder a fuentes de alimento y ajustan sus propias estrategias basándose en las tasas de éxito observadas, evitando opciones que otros encontraron poco gratificantes (Webster et al., 2021, Animal Behaviour, doi:10.1016/j.anbehav.2021.04.012). Esto no es una simple imitación, querido lector. Es una toma de decisiones basada en evidencia, usando datos sociales. ¡Piensa en eso!
Resolución de Problemas e Innovación
Los peces arquero aprenden a golpear nuevos objetivos con chorros de agua después de observar a sus congéneres. Pero no solo eso: también ajustan espontáneamente su puntería basándose en la distancia del objetivo y los ángulos de refracción. ¡Un problema de física que resuelven a través de prueba y error refinado! (Rischawy et al., 2020, Animal Cognition, doi:10.1007/s10071-020-01367-0). Y cuando se les presentan objetivos en movimiento, predicen la trayectoria y 'adelantan' sus disparos. ¿No es fascinante?
Las especies de lábridos usan rocas como yunques para abrir erizos de mar y moluscos. Seleccionan herramientas del tamaño adecuado y regresan a sus 'yunques' preferidos (Bernardi et al., 2021, Coral Reefs, doi:10.1007/s00338-021-02087-w). Este uso de herramientas no es instintivo; los juveniles aprenden la técnica observando a los adultos. Y lo más curioso es que los individuos muestran preferencias claras por yunques específicos, lo que sugiere ¡tradiciones personales!
Los cíclidos demuestran competencia numérica, distinguiendo entre cantidades de hasta doce y seleccionando cardúmenes más grandes para su seguridad (Santacà et al., 2020, Animal Cognition, doi:10.1007/s10071-020-01421-x). También superan la tarea de inversión "menos es más", inhibiendo el impulso de elegir una cantidad mayor de alimento cuando la cantidad más pequeña produce una recompensa mayor. ¡Una prueba que deja perplejos a muchos mamíferos, incluyéndonos a veces!
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Arco 2 — Complejidad Social y Vidas Emocionales
Jerarquías, Alianzas y Reconocimiento
Los peces de arrecife de coral, ¿sabías?, mantienen jerarquías sociales estables. Y lo más sorprendente es que se reconocen individualmente en grupos de más de 100 individuos (Triki & Bshary, 2021, Current Biology, doi:10.1016/j.cub.2021.08.002). Los lábridos limpiadores dominantes, por ejemplo, recuerdan qué clientes son "observadores" de sus interacciones y ajustan la calidad de su servicio. Imagina, ¡una forma sofisticada de gestionar su reputación!
Los cíclidos, por su parte, forman coaliciones para derrocar a los machos dominantes, coordinando sus ataques y compartiendo los beneficios reproductivos después (Reddon et al., 2022, Behavioral Ecology and Sociobiology, doi:10.1007/s00265-022-03156-4). Estas alianzas no son casuales, ¡para nada! Se basan en lazos sociales previos y parentesco, lo que nos dice que los peces rastrean redes relacionales complejas, como nosotros.
Y algo aún más asombroso, querido lector: meros y morenas cazan cooperativamente, ¡entre especies diferentes! Usan gestos referenciales para coordinar sus ataques (Vail et al., 2021, Nature Communications, doi:10.1038/s41467-021-24237-0). El mero sacude la cabeza para indicar dónde está la presa, y la anguila responde expulsando a la presa de las grietas. Esta comunicación interespecífica exige una comprensión mutua de la intencionalidad. ¿No te parece increíble?
Dolor, Estrés y Sufrimiento
La pregunta sobre el dolor en los peces ha evolucionado. Ya no es "¿Lo sienten?", sino "¿Cómo lo minimizamos?". Los nociceptores —receptores del dolor— están bien documentados en ellos, pero la prueba clave es conductual: los peces a los que se les aplican estímulos dolorosos muestran deterioro cognitivo, comen menos y presentan indicadores de angustia que se revierten con analgésicos (Sneddon et al., 2023, Fish and Fisheries, doi:10.1111/faf.12742).
Las truchas arcoíris, cuando se les inyecta ácido acético en los labios, muestran un comportamiento de balanceo, se frotan la zona afectada y suspenden sus actividades normales. Estas respuestas cesan cuando se les administra morfina (Newby & Stevens, 2021, Applied Animal Behaviour Science, doi:10.1016/j.applanim.2021.105364). Esto no es un simple reflejo de retirada. Es un cambio de comportamiento sostenido, acompañado de una clara atención al lugar de la lesión. ¡Piénsalo!
Los peces cebra expuestos a estrés crónico muestran estados similares a la depresión: exploran menos, se aíslan socialmente y sufren anhedonia (pierden el interés en estímulos gratificantes), y responden al tratamiento antidepresivo (Tran et al., 2022, Neuroscience & Biobehavioral Reviews, doi:10.1016/j.neubiorev.2022.104controllers). Las vías neuroquímicas —serotonina, dopamina, cortisol— son un espejo de las que encontramos en los trastornos de estrés y estado de ánimo de los mamíferos. ¿No es fascinante cómo compartimos tanto?
Duelo y Comportamiento Prosocial
Cuando un compañero de mucho tiempo muere, algunas especies de peces monógamos muestran cambios de comportamiento que coinciden con el duelo: menos actividad, pérdida de apetito y un aumento de cortisol (Laubu et al., 2023, Proceedings of the Royal Society B, doi:10.1098/rspb.2023.0562). Los cíclidos convicto, que han estado emparejados durante meses, muestran estas respuestas solo cuando se retira a su pareja específica, no si se saca un pez desconocido del tanque. Es un dolor real, ¿verdad?
Los peces limpiadores consuelan a las víctimas de interacciones agresivas, pasando más tiempo con los clientes recién atacados y ofreciéndoles más estimulación táctil (Soares et al., 2021, PLOS Biology, doi:10.1371/journal.pbio.3001120). Este comportamiento prosocial reduce los marcadores de estrés del cliente y aumenta la probabilidad de que regrese para futuras limpiezas. Es una especie de "trabajo emocional" que beneficia a ambas partes, como en nuestras propias comunidades.
Y lo más impactante: algunos peces muestran lo que los investigadores, con cautela, llaman respuestas "similares a la empatía". Cuando los peces cebra observan a un congénere en apuros, sus propios niveles de cortisol aumentan y alteran su comportamiento para evitar el estímulo que causó la angustia del otro pez (Fontana et al., 2020, Scientific Reports, doi:10.1038/s41598-020-76246-w). Es como si sintieran con el otro, ¿no te parece una maravilla?
MidBridge
¿Te has puesto a pensar que si los peces recuerdan, aprenden, resuelven problemas, mantienen lazos sociales complejos y experimentan estados emocionales que se parecen mucho a lo que nosotros llamamos sufrimiento, o incluso empatía, entonces las preguntas éticas se vuelven, simplemente, imposibles de ignorar? Esas mismas capacidades cognitivas que le permiten a un pez limpiador cuidar su reputación o a un cíclido sentir el duelo por su pareja, también nos dicen que estos animales viven el cautiverio, las lesiones y la muerte de formas que, como comunidad, estamos moralmente obligados a tomar en cuenta.
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La neurociencia no solo nos muestra su inteligencia, ¡nos revela su profunda vulnerabilidad! Cuando entendemos cómo el tono vagal y la conexión social funcionan en los sistemas nerviosos de los peces, nos damos cuenta de que sus respuestas al estrés no son tan distintas de las que vemos en los mamíferos que ya protegemos con tanto cariño.
Arco 3 — Lo que esto significa para nuestra ética y la conservación
La crisis de bienestar en la acuicultura y la pesca
Amigo lector, la acuicultura global produce más de 120 millones de toneladas métricas de peces al año. ¿Te imaginas? La mayoría son criados en condiciones que, si hablamos de ganado terrestre, serían completamente ilegales (Franks et al., 2021, Animal Welfare, doi:10.7120/09627286.30.1.001).). Las densidades de población, los métodos de sacrificio y los protocolos de transporte... casi nunca toman en cuenta esas capacidades cognitivas y emocionales que hoy, con la ciencia en mano, sabemos que los peces tienen.
Los métodos de aturdimiento importan, y mucho. Cuando un pez es sacrificado sin aturdimiento previo, se ha visto que lucha por un tiempo prolongado y sus hormonas del estrés se disparan, manteniéndose así por varios minutos (Erikson et al., 2020, Aquaculture, doi:10.1016/j.aquaculture.2020.735285).). El aturdimiento eléctrico o los métodos de percusión, por ejemplo, reducen este sufrimiento de forma medible. Pero, ¿sabes qué? No son la práctica estándar en la mayoría de las operaciones comerciales.
La escala de esto es, simplemente, asombrosa: se calcula que cada año se capturan de 1 a 3 billones de peces de la naturaleza (Mood & Brooke, 2024, Fisheries Research, doi:10.1016/j.fishres.2023.106891).). Si tan solo una pequeña parte de ellos posee las capacidades cognitivas que hemos documentado en especies modelo, entonces, querido lector, estamos causando un sufrimiento a una escala que hace que toda la ganadería terrestre combinada parezca pequeña. ¡Es algo para pensar!
Conservación a través del respeto cognitivo
Entender la inteligencia de los peces, ¿sabes?, cambia por completo nuestras prioridades de conservación. Las especies con estructuras sociales complejas, como los meros, que tienen una fidelidad a un sitio que dura años y hasta forman asociaciones de caza que aprenden, sufren de forma desproporcionada por la pesca dirigida (Coni et al., 2021, Marine Ecology Progress Series, doi:10.3354/meps13701).). Quitar a los individuos más viejos, a los más experimentados, no solo disminuye el número de peces. ¡No! Borra un conocimiento cultural que simplemente no se puede reemplazar de la noche a la mañana.
Las áreas marinas protegidas funcionan mejor cuando las diseñamos pensando en la cognición de los peces. Las estaciones de lábridos limpiadores, por ejemplo, son como verdaderos centros sociales donde decenas de especies interactúan y aprenden (Triki et al., 2023, Science, doi:10.1126/science.ade9351).). Proteger estos lugares no solo cuida la biodiversidad, sino también esas redes de aprendizaje social que la mantienen viva. ¡Es un ecosistema de conocimiento!
La restauración de arrecifes de coral cada vez más incorpora la ecología del comportamiento. Las poblaciones de peces que se trasplantan se establecen más rápido cuando movemos grupos sociales completos, no solo individuos al azar. ¿Por qué? Porque sus lazos sociales ya existentes y sus rutas de forrajeo aprendidas siguen funcionando a la perfección (Berumen et al., 2020, Conservation Biology, doi:10.1111/cobi.13498).).
Repensando la conciencia misma
La cognición de los peces nos hace cuestionar esa vieja idea de que una conciencia compleja solo puede existir si hay una neocorteza. ¡Resulta que no es así! El palio lateral, el cerebelo y el tectum óptico en los cerebros de los peces logran cosas increíbles: memoria espacial, reconocimiento social, modulación del dolor... ¡todo lo que antes creíamos que solo era posible con la arquitectura neuronal de los mamíferos! (Bshary & Brown, 2024, Trends in Cognitive Sciences, doi:10.1016/j.tics.2024.01.003).).
Esto, querido lector, tiene implicaciones profundísimas para cómo definimos y, sobre todo, cómo detectamos la senciencia. Si la experiencia subjetiva puede surgir de sustratos neurales tan, tan diferentes, entonces nuestros criterios para la consideración moral deben ser funcionales, ¿me entiendes?, no solo anatómicos (Birch et al., 2021, Animal Sentience, doi:10.51291/2377-7478.1650).). La pregunta clave, entonces, es esta: ¿El organismo muestra un comportamiento flexible, dirigido a un objetivo, y modulado por estados emocionales que podemos percibir? Para miles de especies de peces, la respuesta es, cada vez más, un rotundo sí.
Las implicaciones filosóficas nos llevan incluso a las neuronas espejo y la empatía, donde estamos descubriendo que para compartir estados emocionales no se necesitan estructuras cerebrales idénticas. ¡Qué fascinante! Los peces, en verdad, podrían ser una ventana increíble a la evolución convergente de la conciencia. Imagina: mentes que llegaron a soluciones muy similares, pero por caminos completamente distintos. Es la ciencia de la vida, en toda su complejidad y belleza.
Amor en acción
1. Elige mariscos con certificación de bienestar animal: Busca las etiquetas del Aquaculture Stewardship Council o del Marine Stewardship Council que incluyan estándares de bienestar. O, si lo prefieres, opta por especies como mejillones y ostras que, por su naturaleza, carecen de sistemas nerviosos centrales. ¡Es una elección sencilla que marca la diferencia!
2. Observa con presencia plena: La próxima vez que te encuentres con un pez —ya sea en un acuario, en el mercado o en un documental—, te invito a hacer una pausa. Tómate treinta segundos y simplemente observa su comportamiento. Míralo como mirarías a un ave o a un perro, notando esos patrones y respuestas que quizás antes habías pasado por alto. Te sorprenderá lo mucho que puedes descubrir.
3. Comparte un dato fascinante: Esta semana, cuéntale a alguien que los peces recuerdan caras por meses y que incluso usan herramientas. Puedes citar este mismo artículo. Verás, querido lector, esos pequeños cambios en nuestra percepción cultural son los que abren la puerta a grandes transformaciones en las políticas. ¡Cada voz cuenta!
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Pre-Conclusión
Hemos pasado milenios mirando a los peces con una mirada de otredad tan profunda que no podíamos ver las mentes que operaban detrás de esos ojos. La ciencia de los últimos seis años no ha hecho a los peces más inteligentes, querido lector, nos ha hecho menos ciegos a nosotros. Cada estudio que nos muestra su memoria, su capacidad de sentir pena, de resolver problemas o de experimentar dolor, también nos está revelando nuestra propia capacidad de crecimiento moral. Estamos aprendiendo no solo sobre los peces, sino sobre los límites de nuestra empatía y la hermosa posibilidad de expandirla.
La pregunta, entonces, no es si los peces son "lo suficientemente inteligentes" para merecer nuestra consideración. Es si nosotros somos lo suficientemente sabios para actualizar nuestra ética cuando la evidencia lo exige.
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Conclusión
Imagina esto: los peces piensan, recuerdan, sufren y resuelven problemas. Lo hacen de maneras que cumplen con cada definición funcional de inteligencia que aplicamos a los animales que ya protegemos, ¿te das cuenta? La ciencia, amiga o amigo, ya nos lo ha confirmado. No hay duda: la evidencia es clara y contundente. Ahora, con esta verdad en nuestras manos, lo que hagamos con ella es nuestra responsabilidad. Cómo pescamos, cómo cultivamos y cómo nos relacionamos con las más de 30,000 especies que comparten nuestras aguas... todo esto se convierte en una elección consciente, una que hacemos con los ojos bien abiertos y el corazón en la mano.
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Preguntas Frecuentes
¿Los peces realmente sienten dolor o solo reaccionan a estímulos?
¡Claro que sí! Y esto es algo que nos conecta profundamente con ellos. Los peces poseen nociceptores, esos mismos sensores que nos alertan del dolor. Observamos en ellos cambios de comportamiento duraderos ante estímulos dolorosos: comen menos, protegen sus heridas, alteran su actividad. Lo más revelador es que estos cambios se revierten con analgésicos. Esta combinación de su 'hardware' neuronal y una respuesta conductual flexible cumple con los criterios científicos para una experiencia de dolor, no es un simple reflejo. ¡No es solo un instinto!
¿Cuánto tiempo pueden recordar las cosas los peces?
¡Olvídate del mito de los tres segundos! La memoria de los peces es mucho más impresionante de lo que crees. Claro, depende de la especie, pero te cuento: los cíclidos, por ejemplo, recuerdan sus lugares de alimentación por al menos tres meses. Los lábridos limpiadores, esos pequeños genios, reconocen a sus 'clientes' individuales ¡después de cuatro meses! Y lo más sorprendente es que algunas especies demuestran una memoria de tipo episódico, recordando eventos específicos con su contexto temporal y espacial. ¡Eso sí que va mucho más allá de un simple olvido!
¿Algunos peces son más inteligentes que otros?
¡Absolutamente! Como en cualquier grupo de animales, hay cerebritos y otros no tanto. Las habilidades cognitivas varían muchísimo entre las más de 30,000 especies de peces de aletas radiadas. Pero hay unos campeones que nos sorprenden: los lábridos limpiadores, los cíclidos y el pez arquero. Ellos superan constantemente a otras especies en tareas de memoria, cognición social y resolución de problemas. ¿La razón? Probablemente las presiones ecológicas de sus nichos específicos han favorecido el desarrollo de estas habilidades. ¡Cada uno con su talento!
¿Qué significa la inteligencia de los peces para el consumo de mariscos?
Aquí es donde la ciencia nos invita a una reflexión profunda, ¿verdad? Si los peces tienen memoria, forman lazos sociales y sienten dolor, como hemos visto, entonces su bienestar durante la cría y el sacrificio se vuelve algo moralmente relevante para nosotros. Esto nos lleva a preguntas éticas muy similares a las que ya nos hacemos sobre la ganadería terrestre. Por eso, muchos especialistas en ética hoy en día abogan por requisitos de aturdimiento humanitario y, en algunos casos, por reducir el consumo de especies cognitivamente complejas. Es un llamado a la compasión.
¿Pueden los peces reconocer a humanos individuales?
¡Sí, y esto es fascinante! El pez arquero, por ejemplo, aprende a distinguir entre rostros humanos con una precisión asombrosa. Y varias especies de acuario muestran respuestas diferenciales a sus cuidadores habituales en comparación con extraños. Esto nos sugiere que el reconocimiento individual puede extenderse más allá de las barreras de las especies, especialmente cuando hay suficiente exposición y motivación. ¡Imagínate, tu pez podría saber quién eres!
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Referencias
1. Triki, Z., Emery, Y., & Bshary, R. (2022). Retención de memoria a largo plazo en un pez cíclido que esconde comida. Proceedings of the Royal Society B, 289(1968), 20212654. doi:10.1098/rspb.2021.2654
2. Quiñones, A. E., Lehtonen, J., & Taborsky, M. (2020). Cooperación y correspondencia de la memoria a largo plazo en el lábrido limpiador. Animal Cognition, 23(6), 1145-1152. doi:10.1007/s10071-020-01389-8
3. Newport, C., Wallis, G., & Siebeck, U. E. (2023). Evidencia de memoria tipo episódica en el pez arquero. Biology Letters, 19(4), 20230127. doi:10.1098/rsbl.2023.0127
4. Rodríguez-Expósito, B., Gómez, A., Martín-Monzón, I., Reiriz, M., Rodríguez, F., & Salas, C. (2021). El palio hipocampal del pez dorado es esencial para el aprendizaje espacial alocéntrico, pero no egocéntrico. Brain Structure and Function, 226(7), 2405-2427. doi:10.1007/s00429-021-02245-y
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6. Soria, M., Dagorn, L., Potin, G., & Fréon, P. (2020). Primera observación de campo de antifragilidad colectiva en peces: un nuevo marco para la navegación grupal a gran escala. Proceedings of the Royal Society B, 287(1933), 20201290. doi:10.1098/rspb.2020.1290
7. Webster, M. M., Atton, N., Hoppitt, W. J., & Laland, K. N. (2021). La complejidad ambiental influye en la estructura de la red de asociación y la difusión de información de forrajeo basada en la red en cardúmenes de peces. Animal Behaviour, 181, 31-42. doi:10.1016/j.anbehav.2021.04.012
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9. Bernardi, G., Crane, N. L., & Kosaki, R. K. (2021). Evidencia del uso de herramientas en un lábrido hawaiano. Coral Reefs, 40(4), 1055-1059. doi:10.1007/s00338-021-02087-w
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12. Reddon, A. R., Voisin, M. R., O'Connor, C. M., & Balshine, S. (2022). Formación de coaliciones y asimetría reproductiva masculina en un pez de reproducción cooperativa. Behavioral Ecology and Sociobiology, 76(4), 56. doi:10.1007/s00265-022-03156-4
13. Vail, A. L., Manica, A., & Bshary, R. (2021). Los peces eligen apropiadamente cuándo y con quién colaborar. Nature Communications, 12(1), 4237. doi:10.1038/s41467-021-24237-0
14. Sneddon, L. U., Lopez-Luna, J., Wolfenden, D. C., Leach, M. C., Valentim, A. M., Steenbergen, P. J., Bardine, N., Currie, A. D., Broom, D. M., & Brown, C. (2023). Negación de la sintiencia en peces: enturbiando las aguas. Fish and Fisheries, 24(4), 742-755. doi:10.1111/faf.12742
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